La isla Saona, parte intrínseca nuestra.

De vez en cuando no está demás respirar aire puro, brisa yodada, que mal que bien ayuda a las interioridades del organismo. Es un buen aliciente para botar el estrés citadino, se disipan tensiones, se olvidan los problemas cotidianos. Pero además, se conoce gente nueva, se deja atrás el trajín cotidiano. ¿Una forma para conseguir eso? Muy simple: un viaje a la isla Saona desde la Capital.

Para ello, solo se requiere transporte en vehículo hasta Bayahíbe, y de ahí, claro está, el viaje se completa vía marítima (en catamarán o en lancha rápida).

Si la travesía se realiza en catamarán, el viaje dura una hora y media, y si es en lancha rápida la duración es de menos de 40 minutos.

Durante todo el trayecto hay mucho que ver. El paisaje muestra en todo el litoral la exuberancia del Parque Nacional del Este, reserva natural protegida de la depredación por el Ministerio de Medio Ambiente, con el auxilio de otras instituciones públicas y privadas. La isla Saona, con una extensión de 116 kilómetros cuadrados, no tan diminuta como la Catalina, es un legado de todos los dominicanos amantes de la naturaleza. Forma parte del Parque Nacional del Este. Hay que preservarla.

La diversión es lo perseguido en esos viajes.Y eso se consigue desde que uno aborda el vehículo que lo transporta hasta Bayahíbe, y ya a bordo de la embarcación: música, baile, tragos, picaderas. Casi siempre, a bordo va gente de distintas nacionalidades: italianos, venezolanos, españoles, canadienses, norteamericanos, etc.

A la Saona no podemos dejarla abandonada a su suerte. Hay que darle realce a esa parte de la dominicanidad. La pulcritud, el cuido en lo que es la preservación está siempre presente entre quienes tienen a su cargo la organización de esas excursiones, que más bien deben llamarse educativas, y en la que se debe incentivar la participación de toda la familia.

Los días de fin de semana son los más frecuentados por quienes se deciden transportarse a ese oasis de esplendor y vivencia. El sol de estos días, la quietud de las playas, la verde vegetación del Parque Nacional del Este, incluida la Isla Saona, nos invitan a disfrutar de sus encantos. Adelante, pues.

Adamanay, Paso del Catuán, Playa las Palmillas, Mano Juan son nombres intrínsecamente ligados a la isla Saona. Dése un viaje a ese pedazo de nuestra nacionalidad, y no se arrepentirá.

Por Felipe Mora