Entre 3 y 5 mil de esos peregrinos marinos visitan nuestras aguas territoriales y protagonizan el espectáculo amoroso-sexual más espectacular de toda la región del Caribe. Da pena que tan enorme atractivo turístico no esté siendo explotado en todo su potencial.

Mojado en ti” podría ser la frase mas creativa de la lirica musical de Juan Luis Guerra. Es poco probable que se haya inspirado en las cuitas de amor de las ballenas jorobadas. Pero entre 3 y 5 mil de esos peregrinos marinos visitan anualmente nuestras aguas territoriales y protagonizan el espectáculo amoroso-sexual más espectacular de toda la región del Caribe. Da pena que tan enorme atractivo turístico no esta siendo explotado en todo su potencial.

Por lo general, las ballenas jorobadas permanecen en aguas cercanas a la costa y por eso son de las más aptas para la observación. Las del Atlántico viven la mayor parte del año en sus sitios de alimentación de la costa este de los Estados Unidos y Canadá, y en los mares de Islandia y Groelandia. Viajan entre 2,000 y 4,000 millas para llegar a las aguas dominicanas con fines de reproducción. No vienen a alimentarse y de hecho pasan su tiempo de estadía sin hacerlo, amén de que los recursos marinos de nuestras aguas territoriales no serían ni adecuados ni suficientes.

El magneto que atrae a los cetáceos son los bancos de la Navidad y de la Plata. Estos son unas plataformas submarinas de unos 20 metros de profundidad promedio y con aguas cristalinas que están protegidas del fuerte oleaje y del viento por un conjunto de montículos de coral que se extienden desde el suelo hasta la superficie. Por ese accidentado relieve y la baja profundidad, no son áreas amigables a la navegación de barcos y, por ende, se prestan para la reproducción y cría de los ballenatos.

Parte de un sistema de bancos que se extiende desde las Bahamas hasta la Navidad, estos bancos y sus aguas circundantes conforman el Santuario de Mamíferos Marinos, un área protegida de unas 19,438 millas cuadradas creada por la Ley 64-00 de Medio Ambiente. El afán de proteger el rito de reproducción de las ballenas jorobadas motivó la protección, pero ahora el Santuario se ha convertido también en una especie de meca turística.

El World Wildlife Fund tiene a la Bahía de Samaná como uno de los mejores sitios para observar las ballenas jorobadas en el mundo. En la temporada de observación (enero, febrero y marzo) ya son más de 60,000 turistas extranjeros y dominicanos que hacen la excursión para contemplar lo que es quizá el espectáculo natural más impresionante que ofrecemos. Con inicio en el 1996, el grueso de las excursiones salen de Samaná y tienen como destino la boca de la Bahía situada entre Punta Balandra y Miches.

La mayoría de las excursiones duran horas de un día. Sin embargo, desde Puerto Plata también operan algunas que, viajando unas 80 millas al norte, pernoctan por varios días en el Banco de la Plata. Aunque estas últimas son las que mejor cobertura consiguen de los cortejos, apareamiento y cuidado de las crías, solo una minoría opta por ellas. Es precisamente en la multiplicación de estas excursiones donde se agolpan las ballenas donde reside un reto mayor de desarrollo turístico.

Hasta ahora no se han reportado daños de consideración a la saga ballenera. El Ministerio de Medio Ambiente ha logrado organizar más o menos bien a los touroperadores, los capitanes y propietarios de las embarcaciones, las ONGs ambientalistas interesadas y otros actores. A través de un acuerdo de co-manejo que se edita cada año, las regulaciones para la protección del animal son aplicadas con la rigurosidad que nos caracteriza.

El mayor peligro existente hoy día, sin embargo, tiene que ver con los ruidos que se registran en la Bahía. Un estudio del 2009 patrocinado por el USAID dice: “El análisis preliminar de canciones individuales sugiere que la presencia de embarcaciones grandes causa la disminución de la duración de las canciones, a través de la omisión de frases y cambios en la frecuencia. Considerando que las canciones varían de una temporada a otra, el acortamiento o alargamiento de la canción en respuesta al ruido, puede no afectar el valor global de la expresión acústica. Sin embargo, esta alteración en el comportamiento acústico de las ballenas significa que sí hay una reacción individual: por tanto podría indicar otros efectos más nocivos, tales como el incremento de los niveles de estrés.”

Lo anterior plantea un claro reto de manejo ambiental. Pero es de suponerse que la comunidad ambientalista nacional e internacional podrían aportar soluciones que mitiguen el impacto de los cruceros y otras fuentes de ruido submarino. En otras latitudes de seguro que se ha confrontado el mismo problema y se ha resuelto de alguna manera. Lo que todavía está por descifrarse es la manera en que podríamos aprovechar mejor el grandioso espectáculo de la migración de cetáceos en los meses de invierno.

Organizaciones tales como CEBSE y FUNDEMAR podrían, con el apoyo diligente del MITUR y el Ministerio de Medio Ambiente, explorar este reto formalmente a través de talleres. Hace falta una evaluación del potencial turístico de todos nuestros recursos marinos.